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Nos gustan las historias más que a un tonto un lápiz.

Y esta es una historia real.

De esas que merecen ser contadas y compartidas.

Que molan por varias cuestiones:

1. Porque parece increíble que haya gente tan creativa.

2. Porque es alucinante que vivamos en un mundo cuyas reglas hacen posible que sucedan estas cosas.

Aunque pensándolo bien, es solo la naturaleza humana.

Tenemos recursos a nuestro alcance. Hay quien los utiliza bien, y quien los utiliza mal o en beneficio propio.

Y en este extraño mundo de Internet, las trampas y las fake news parecen ser más numerosas que el número de desencantados por la política en España.

Bueno, eso es imposible, pero ya me entiendes 😉.

Esta realidad es la que quiso dejar patente Oobah Butler, un blogger residente en Dulwich (Londres) que protagoniza esta curiosa historia.

Cómo lo hizo?

Con un experimento brillante, a mi juicio 😍.

Su primer trabajo como redactor fue escribiendo reseñas falsas de restaurantes en TripAdvisor para diferentes plataformas.

12 libras por reseña.

A mí esto me pone los pelos como escarpias, no sé a ti.
Yo no sabía que esto existía como tal y se podía contratar así al peso de la forma más natural. Pero claro, yo siempre he sido un poco ingenua, la verdad.

Espero seguir siéndolo a pesar de todo.

El caso es que Oobah empezó a pensar que lo único real en TripAdvisor eran los restaurantes.

Pero espera un momento….

¿Y si los restaurantes tampoco existieran?

¿Sería posible?

Eso es lo que se propuso comprobar.

Así que empleó los siguientes 7 meses de su vida a posicionar su restaurante inventado en TripAdvisor, para intentar colocarlo en el número 1.

Los elementos clave de su maquiavélico plan:

1. Un ejército de amigos cachondos escribiendo reseñas positivas a diestro y siniestro, pero siempre de manera coherente.

2. Una buena (o no) cámara de fotos.

3. Instantáneas de pastillas de lavadora tuneadas y adornadas para parecer postres deliciosos o platos de alta cocina.

4. Una propuesta diferente y en la que se vende una experiencia inolvidable:

– Su lema: «no servimos comida, sino estados de ánimo».

– Mesas en el jardín de un cobertizo o incluso en el tejado.

– Mantas para protegerse del frío (no sé tú pero cuando yo he estado en Londres, lo de cenar en el jardín con la rasca que hace, me habría parecido, cuanto menos, original. Y sí, habría venido de lujo una mantita).

5. Y la más importante de todas: no mostrar necesidad para multiplicar el deseo.

Esto último es bien conocido por todos.

Cuanto más inalcanzable piensas que es una persona, más te gusta. Ya sea en el patio del colegio, en la oficina, o en la comunidad de vecinos.

Cuanto más nos digan que algo no lo podemos conseguir, más nos imaginamos obteniéndolo.

Cuanto más caro sea un producto, más gente habrá dispuesta a pagar por ello, si realmente creen que es bueno y tienen pasta para gastar.

Y esto pasaba con The Shed at Dulwich. Así se llamaba el restaurante inexistente.

Cada vez que alguien llamaba para reservar mesa y le decían que estaba completo, crecía como la espuma el número de personas que se morían de ganas por ir a probar esas pastillas de jabón maqueadas y esos estados de ánimo emplatados.

A esto se une el poderoso efecto «ninguno de mis amigos, primos o socios ha podido ir, y yo he conseguido mesa. Ya imagino su envidia cochina cuando vean mi Instagram», que viene a ser parte de la vil necesidad que tenemos los humanos de sentirnos superiores a otros.

Nada nuevo, vaya. Esto es y será así hasta que las ranas críen pelo.

Y el 1 de noviembre ¡tachan! Oobah comprobó con asombro que The Shed estaba en el número 1.

The number one.

The first.

Con 18.000 restaurantes que hay en Londres, no está mal para uno que no existe, ¿no? 😛

El resto de la historia te la resumo.

  • Hubo una inauguración en la que se invitó a cenar a 6 mesas.
  • Los comensales eran conducidos a su reserva con los ojos vendados.
  • Se sirvió comida precocinada calentada en microondas pero muy bien adornada con flores incluídas.
  • Un DJ se ocupó de crear música de ambiente y ruido de platos de fondo, sonidos acordes con un restaurante a pleno rendimiento.

Todo el mundo salió encantado.

Seguros de haber vivido una experiencia superexclusiva, de haber alimentado su estómago y lo más importante, su ego.

Después de esto, Oobah destapó el montaje y contó al mundo su experimento.

Puedes encontrar videos en YouTube grabados por él mismo. No tienen desperdicio, te lo aseguro.

Como doy por hecho tu capacidad, no voy a hablar de las conclusiones y las enseñanzas de todo esto. Pero son muuuuchas.

Podemos aprender sobre la vida, la psicología humana, las ventas, TripAdvisor, las mentiras de Internet, las verdades…

Ahora te dejo con tus reflexiones.

Y hablando de lo mío…

Si quieres vender más con tus textos, utilizando técnicas de copywriting, entre ellas algunas de las que utilizó el protagonista de esta historia pero sin engañar a nadie, dame un toque cuando quieras.

Salvo que tu negocio ya esté en el número 1, porque entonces seguro que tienes más cosas que enseñarme tú a mí.

Un abrazo y feliz día 😉

Sandra
www.copyterapia.com