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La frase del título no es mía. Es de la protagonista de esta bonita historia real que te voy a contar.

Primero te cuento la historia y al final del artículo te dejo un vídeo muy oportuno que te gustará. ¿Te parece?

Vamos a ello.

Era viernes. Como hoy. Un viernes de agosto.

Suecia acababa de vivir una ola de calor sin precedentes.

Una niña rubia, aparentemente frágil, y con Síndrome de Asperger, decidió que había llegado el día. Era el momento de actuar.

Ahora o nunca.

Se levantó temprano, cogió su bicicleta, una pancarta que había hecho ella misma y se plantó frente al imponente parlamento de Estocolmo. Estuvo allí durante tres horas. La gente pasaba, miraba y seguía su camino.

Después se marchó.

Al viernes siguiente volvió a hacer lo mismo. Y la gente volvió a hacer lo mismo también. Pasaba, la miraba raro y se iba.

Hasta que alguien se sentó a su lado.

Nuestra heroína se llama Greta Thunberg (seguramente habrás oído hablar de ella) y en ese momento tenía 15 años.

Fue el inicio uno de los movimientos sociales más emocionantes de los últimos tiempos: el movimiento de estudiantes por el clima.

Millones de jóvenes, al igual que ella, ven cómo los adultos con capacidad de decisión les estamos robando su futuro.

El futuro de un planeta que pinta muy negro.

Por mucho que no queramos verlo.

Por mucho que estemos ocupados con miles de cosas que creemos más urgentes e importantes, pero no lo son.

Por mucho que creamos que no va a llegar.

Por mucho que pensemos que poco podemos hacer con nuestros granitos de arena en medio del desierto.

¿Pero realmente queremos seguir mirando hacia otro lado mientras nuestros hijos y nietos se quedan sin futuro?

Seguro que no.

Por eso nos lo tenemos que CREER. Tenemos que tener claro que NO HACIENDO NADA, somos cómplices y co-autores de ese nefasto resultado. Suena muy duro pero estoy convencida de que es así.

En todo caso no se trata de buscar culpas, sino de asumir responsabilidades y trabajar juntos para mejorar.

De momento, yo he decidido entre otras cosas, que voy a usar mi trabajo como copywriter para perseguir buenos objetivos. Y este post es motivo de ello. Si tengo la oportunidad de convencer con lo que escribo, que sea para que el que así lo quiera, compre mi mensaje positivo.

Hace tiempo te habría dicho:

«si no haces nada, el planeta acabará destruído».

Como copywriter te digo:

«si no haces nada, tus hijos vivirán mucho peor que nosotros. En un mundo donde los recursos serán muy escasos y la lucha por los mismos provocará guerras crueles. La calidad del aire que respirarán hará que enfermen. Y el mar en el que tú te bañaste y disfrutaste tanto, no será apto para el baño».

Intento dibujar en tu cabeza lo que pasará de verdad. Y que eso realmente te afectará. No es un problema que quede lejos ni que solo vayan a tener otros.

Greta Thunberg y los jóvenes del mundo lo han comprendido. Que ellos se juegan más que nosotros. Y también que necesitan despertarnos de ese sueño de los justos en el que estamos cómodamente inmersos, para que les ayudemos a resolver el problema. O por lo menos no sigamos alimentándolo.

Si te pregunto, ¿harías lo que fuera necesario si estuviera en juego el bienestar de tu familia?. No contestes, no hace falta, yo también soy madre. Y te digo que ahora está en juego, y tenemos que mover ficha.

Seguro que esto a veces también te pasa:

Como madre tengo más experiencia que mis hijos. Y por eso tomo gran parte de las decisiones en nuestro día a día familiar. Pero de vez en cuando, Marcos de 9 años, me enseña cosas y me da unas lecciones de vida que me quedo asombrada.

Me emociona mucho cuando esto pasa. Y me hace preguntarme cómo yo, la adulta, la persona que le quiere con locura y cuida de él, no se ha dado cuenta antes de lo que un niño pequeño ha sabido ver con claridad.

Pues este es uno de esos casos.

Dejemos que los niños y jóvenes nos enseñen una lección importante. Porque su futuro depende de nosotros. De cada una de las acciones minúsculas que cada uno puede hacer día a día.

No nos engañemos más y tomemos las riendas. Cada uno dentro de nuestras posibilidades.

Puedes recoger la basura que encuentres cuando vayas al campo o la playa, comprar productos locales, reducir los plásticos de tu cesta de la compra, cerrar el grifo mientras te lavas los dientes, o preocuparte de que tu negocio sea un poco más sostenible.

O algo muy importante también, como es tratar de concienciar a tu familia, amigos y vecinos.

O todo a la vez si te ves capaz. U otras cosas que se te ocurran. Tú decides, pero cada grano de arena importa.

Porque está demostrado que:

«MUCHA GENTE PEQUEÑA, EN LUGARES PEQUEÑOS, HACIENDO COSAS PEQUEÑAS, PUEDE CAMBIAR EL MUNDO».

La frase tampoco es mía, es de Eduardo Galeano.

Y como te prometí, te dejo un vídeo precioso, inspirador, emocionante y tierno. Y lo más importante, convincente. En el que los niños nos cuentan lo que está pasando.

Por ellos, no dejes de verlo, de verdad. Y si lo puedes compartir, ganaremos todos.

Un abrazo y feliz día.

Sandra.