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La mayoría de lo que sé sobre persuasión lo aprendí en la cárcel.

Y esto me recuerda una historia.

Una vez, mi madre estaba hablando por teléfono con una de mis tías.

Estaba en el trabajo, sentada en su escritorio y mientras hablaba, un compañero trabajaba en la mesa de al lado.

Este hombre oía como mi madre le decía a quien quiera que estuviera al otro lado de la línea… «si, Sandra sigue en la cárcel. Está bien. Ella está tranquila allí, sin novedades».

El buen hombre estaba horrorizado.

¿Su hija está en la cárcel? ¿Y lo cuenta tan pancha? ¿Qué tipo de psicópata, disfrazada de amable compañera de oficina, trabaja a mi lado?

Mi madre colgó y vió a este buen hombre ojiplático.

¿Qué te pasa?

«¿¿¿tu hija está en la cárcel???

¡Ah, no!

Mi madre se mondaba de risa.

Es que trabaja allí. Es psicóloga en Instituciones Penitenciarias. ¿No lo sabías?

Bueno, por si habías pensado, o te he hecho pensar, que había cumplido condena en alguna prisión, no es así.

Aún no.

Espero no estar nunca en esa situación, pero otra cosa que también he aprendido es que la vida es bella, apasionante y muy complicada.

Te pone en situaciones donde un día estás a este lado de la línea roja, y al siguiente en el lado contrario.

Nunca se sabe, de verdad.

El caso es que durante 12 años mi trabajo ha sido ese, como psicóloga en un centro penitenciario.

Y ahora sí te voy a contar por qué he aprendido tanto sobre copywriting, aunque al principio no lo sabía.

Vamos con ello.

Hace 12 años que vendo motos.

Ahora que lo pienso, llevo toda la vida, como todos; Pero durante 12 años he vendido la misma moto.

No de forma literal, claro.

Realmente vendo la idea de que «venir a hacer terapia psicológica conmigo es una idea genial» .

Y realmente lo es.

Te lo digo en serio.

El problema es que los tíos a los que les tengo que vender el invento, como si fuera un paquete vacacional, son penados por diferentes tipos de delitos (principalmente violencia de género), a los que el juez les impone la terapia como condición para no entrar en prisión.

Soy psicóloga en un Servicio externo de Instituciones Penitenciarias.

Si vienes, te libras del talego.

«Mira criatura, vas a ir a ver a esta chica tan maja todas las semanas durante unos mesecillos. Y si te portas bien de aquí a dos años, nos olvidamos de lo de la cárcel, ¿de acuerdo?»

Y todos dicen «si, claro Su Señoría, ¿dónde hay que firmar?»

La moto del juez es mucho más guay que la mía.

El beneficio de su producto es evitar pasar una temporada a la sombra. Y eso, persuade a cualquiera, claro.

Tiene un producto que es una bola. Sin competencia en calidad y beneficios.
Uno de los que te cambia la vida de verdad.

A lo que íbamos. Todos dicen que si.

Después se van a su casa más contentos que unas pascuas, meten, cuál avestruz, la cabeza en un agujero y se olvidan.

O les informan erróneamente y creen que no van a tener que hacer nada de nada.

Así que mi trabajo consiste en llamarles, citarles, sacarles de su cómodo error, y darles la estupenda noticia de que tienen que venir todas las semanas, durante varios meses, a una terapia en grupo.

Un planazo, vaya.

Con penados «como ellos». Con gente con la que no se identifican para nada.

«¿Con delincuentes? Yo soy una buena persona, muy normal, no tengo nada que ver con esa gente».

Pero mi trabajo consiste, sobre todo, en que se olviden de que están cabreados como un mono.

Están cabreados porque les están obligando a venir; porque es un esfuerzo y un gasto;
y porque la mayoría no saben ni lo que es la responsabilidad.

Echar balones fuera es un deporte muy popular, desafortunadamente.

Bien.

Y si te digo que consigo que casi todos asistan?

Pero no solo eso.

Consigo que vengan contentos, reflexionen, se sientan comprendidos, asuman responsabilidades, se diviertan y se vayan agradecidos.

En serio.

Algo que oigo a menudo es «esto lo tenían que enseñar a todo el mundo desde niños en el colegio «.

Y a veces oigo un… «¿no tienes consulta privada?»

O incluso… «cuando el programa acabe, ¿puedo seguir viniendo?»

O… «¿atenderías a mi hija fuera de aquí?»

También hay casos difíciles, todo hay que decirlo.
Algunos estarán siempre deseando perderme de vista y se irán como han venido. Sin cambiar ni de peinado.

Pero en general, consigo que mi trabajo sirva, que es lo que a mí me importa.

Consigo ayudarles a sentirse mejor y a afrontar las situaciones futuras de otra forma.

A gestionar mejor sus emociones, mejorar sus relaciones y tomar decisiones más adecuadas.

En fin, que en estos años he tenido que aprender mucho de psicología, ventas y persuasión.

He perfeccionado la técnica para sobrevivir.

No lo he hecho por ellos, para serte sincera. Bueno, no solo.

Ni por la sociedad. Ni siquiera por las posibles personas que pudieran hacer daño en el futuro.

No solo por eso.

Lo he hecho sobre todo para que mi trabajo y las primeras sesiones de terapia no fueran un infierno, la verdad.

Trabajar continuamente con personas que están enfadadas con el mundo y lo pagan contigo, no mola.

Ahora soy copywriter, y sigo haciendo exactamente lo mismo, pero por escrito.

Con textos.

Estudio a tu cliente ideal y su psicología, para que lea y compre.

Te puedo ayudar con eso sí quieres.

Aunque debes saber algo:

Si tu producto es una castaña o no encaja con mis valores, no podré ayudarte.
Esto no es negociable.

Por ejemplo, no trabajo con negocios de apuestas por Internet. Ninguna empresa cuya actividad me genere un dilema moral.

Si lo que vendes encaja con mis valores y también ayuda, soluciona o hace más felices a tus clientes, entonces soy tu chica ;-).

Puedo escribir para ti.

O si tienes una empresa puedo formar a tus empleados para que consigáis resultados y no me necesitéis cada dos por tres.

Si algún día crees que puede ser interesante para ti, estaré por aquí.

www.copyterapia.com

Mientras te lo piensas, también puedes suscribirte a mi lista. Entre otras cosas, recibirás correos como este. Si alguna vez te cansas, te das de baja y tan amigos.

Feliz día,

Sandra